¿Un instrumento “calibrado para siempre”? Solo si la fecha está escrita con tinta indeleble… y nadie hace preguntas.
La etiqueta de calibración ayuda a identificar el estado de un instrumento, pero no demuestra por sí sola que el equipo sea apto para su uso. Una calibración confiable requiere un método aprobado, patrones con trazabilidad metrológica, resultados documentados, criterios de aceptación y, cuando corresponda, evaluación de incertidumbre.
También debe quedar claro qué ocurrió antes y después del ajuste, quién ejecutó la actividad, cuándo vence el estado vigente y qué acciones se toman si el instrumento resulta fuera de tolerancia. En ese caso, no basta con “corregir la lectura”: es necesario evaluar el impacto sobre mediciones, procesos y lotes potencialmente afectados.
APRENDIZAJE: la etiqueta comunica el estado; el certificado y el historial aportan la evidencia. Un programa robusto define frecuencias con base en riesgo, uso, criticidad, estabilidad histórica y recomendaciones técnicas, y mantiene el equipo bajo control durante todo su ciclo de vida.
¿En tu planta la próxima fecha de calibración se determina por costumbre o mediante una evaluación documentada del riesgo?
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